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Meme: evangelizando digitalmente


Es un tópico decir que algún compañero digital o una buena intencionada amiga te ha liado para incluirte en el último meme que se expande por la blogosfera, pero tengo que decir que esta vez por mi parte no es así. Estoy encantado de que Leonor me mande todos los memes que quiera, así salgo un poco del ritmo de trabajo en el que me he metido en los últimos días. Lo que me pide la autora del Suplemento Ocasional es que responda a la pregunta planteada como introducción al II Encuento de Edublogs a celebrar en julio en Ayerbe. La cuestión es cómo ayudaría a un compañero que quiere incorporar las nuevas tecnologías en su trabajo diario. Primero pensé que no era una pregunta muy difícil de responder; se supone que hago esto constantemente porque dirijo un centro de español y a veces doy cursos de formación sobre la web 2.0 en otros lugares. Pero al final resulta que el meme de marras me puso entre la espada y la pared. ¿Realmente soy un buen evangelizador digital? A lo mejor resulta que no, porque hasta el momento no sé de nadie a quien haya iluminado con mi conocimiento, pero bueno, en eso estamos.

Al meollo. A la respuesta de cómo llevar al aula la nueva realidad digital yo siempre respondo que con una buena dosis de entusiasmo y un gran acopio de paciencia. Entusiasmo para buscar cada día nuevas aplicaciones y darle vueltas hasta que encajan en tu concepción didáctica y en tus necesidades de programación. Paciencia para que no te hundan los problemas técnicos, la falta de tiempo y la incomprensión de los que no están de acuerdo contigo (los que prefieren usar la fotocopiadora, vamos). También hay que tener en cuenta que un poco de equilibrio siempre viene bien: buscar el fiel entre la tecnofobia y la obsesión digital. Ni todo vale, ni yo sigo con lo mismo de siempre.

Un ejemplo: llevo tiempo intentando convencer a algunos conocidos y amigos de la enseñanza pública para que acepten Linux como una opción personal. Uno de ellos me confiesa que se ha comprado un portátil subvencionado por la Junta de Andalucía que venía con el Guadalinex preinstalado. Yo me quedo con la boca abierta, porque no sabía que esas ayudas funcionaban así (qué lujo, pensé). Pero más se me abrió cuando me enteré de que a los tres días este profesor se fue a la tienda de informática de la esquina y le pidió al técnico que le quitara todo rastro de Linux y le pusiera el Windows. Aquí fue donde yo empecé a dar la tabarra evangelizadora. Sin embargo, más me hubiera valido ser menos ardiente en la defensa del TuX: sólo unas horas más tarde casi le prendo fuego al ordenador de casa porque no había manera de que reconociera con Guadalinex la impresora (una Canon i350). Así que mejor no excederse, por la cuenta que te trae.